26 de julio de 2003. Pica del Jierru (2426 m), Morra del Lechugales (2441 m), Silla de Caballo Cimero (2438 m), Grajal de Arriba (2320 m) y Grajal de Abajo (2230 m). Primer día de vacaciones.
Tengo dos semanas para desfogarme y parecen comenzar bien. Oscar, cumplidor, se apunta esta vez. A Chus también le motivó este plan de Lechugales, en cuya antecima se quedó hace un año. Llegamos a la mina sin problemas y allí hacemos fotos. Pequeño descanso, compramos una botella de mal vino y seguimos para arriba. Un par de ingleses perdidos reciben nuestro consejo y tratan de seguirnos un rato. Al Tiro la Infanta Oscar llega con dificultades. Pica del Jierru, allí Oscar se pone a comer a toda velocidad y parece que algo le sienta mal. A duras penas lo convencemos para que prosiga hacia la Morra. Tenemos que escoltarle para que no se escape. Trepamos el pequeño muro... varias veces (vuelta por la cámara, vuelta por las tarjetas...) y arriba llegamos los tres. De bajada también Chus y yo subimos a la Silla del Caballo Cimero. Bonita cresta. Oscar parece que se recupera nos hace subir al Grajal de Arriba y luego también al de Abajo. Nos tienta para subir a la Rasa de la Inagotable... pero somos razonables y cogemos el camino de vuelta. Oscar acabó esprintando.
miércoles, 23 de julio de 2003
domingo, 13 de julio de 2003
Monte Perdido y encontrado
Valle de Ordesa y Monte Perdido (3355m). 12 y 13 de julio de 2003. Me hacía ilusión subir a Monte Perdido con Alberto... y así lo hicimos. Nos acompañan Rafa y Mª Ángeles. El viernes tras salir de trabajar cargamos el maletero y nos vamos hasta Torla. Cristina y Daniel nos acompañarán el sábado por la mañana durante un trecho del sendero de Ordesa, hasta que junto a la cascada de Arazas Daniel se niega a continuar andando. Con las mochilas cargadas (nos aseguraron que se haría necesario el uso de crampones...) y sin prisas llegamos a las Gradas de Soaso, por encima de las cuales comemos. En cuestión de minutos se prepara tormenta eléctrica en las cumbres, pero pasa en un rato. La cola de caballo está imponente. Alberto lo tiene claro y la elección entre "camino de las zetas" y "clavijas de soaso" se decanta por el primero. Momentos de vértigo para Alberto y pronto alcanzamos la cabezera de este tremendo anfiteatro glaciar. Pronto llegamos a Góriz donde las tiendas de campaña se apiñan. Hay tiempo para tomar la primera cocacola, montar la tienda, ducharse, no ducharse, ... Cenamos, y me sorprenden con una botella de Cava y otra de Sidra... Mañana es mi cumpleaños y damos buena cuenta del cava. Alberto y yo dormimos al raso. No hace frío y la luna y cielo invitan. Rafa y MªÁngeles casi se enfadan para que nos metamos en la tienda, pero no llega la sangre al río. Incluso "Joze Ignacio" pasa la noche tranquilo. El campamento se deja en manos del sueño nada más ponerse el sol. El domingo será un día largo...
A las 5 suena mi despertador y compruebo que Alberto a mi derecha sigue vivo... Aún es de noche pero aclara rápidamente. Ordenamos algo de lo que subiremos y dejaremos y comienzo a quitar el doble techo de la tienda de Rafa, cuando aún ronca... Nos organizamos y salimos a las 6:20 en dirección al Monte Perdido, del que pisaremos cumbre a las 9:25h. El resto, el camino de vuelta a Góriz y de aquí por todo el valle de Ordesa hasta el parking, ya es otra historia. Alberto y yo llegamos al bus de las 17:20 sin apenas descanso. Pies morados los de Alberto que desesperado cambia primero las botas por zapatillas y luego se descalza... solo durante dos pasos. Rafa y MªÁngeles fueron abandonados a la altura de cola de caballo. Ellos se quedan un día más y no tienen tanta prisa. A nosotros nos espera la carretera, de regreso a Madrid.
A las 5 suena mi despertador y compruebo que Alberto a mi derecha sigue vivo... Aún es de noche pero aclara rápidamente. Ordenamos algo de lo que subiremos y dejaremos y comienzo a quitar el doble techo de la tienda de Rafa, cuando aún ronca... Nos organizamos y salimos a las 6:20 en dirección al Monte Perdido, del que pisaremos cumbre a las 9:25h. El resto, el camino de vuelta a Góriz y de aquí por todo el valle de Ordesa hasta el parking, ya es otra historia. Alberto y yo llegamos al bus de las 17:20 sin apenas descanso. Pies morados los de Alberto que desesperado cambia primero las botas por zapatillas y luego se descalza... solo durante dos pasos. Rafa y MªÁngeles fueron abandonados a la altura de cola de caballo. Ellos se quedan un día más y no tienen tanta prisa. A nosotros nos espera la carretera, de regreso a Madrid.
sábado, 5 de julio de 2003
Las dos Agujas, de Bustamante y Canalona
"Las dos Agujas", de Bustamante y Canalona 5 de julio de 2003
Nos dirigimos a escalar paseando, y acabaremos corriendo... Javier subió la aguja de la Canalona hace unos días, así que se presta a liderar de nuevo cordada para que yo también pose mis huesos en su aérea cima. A última hora se nos une nuestro padre que hará de fotógrafo. También nos acompañan Alena y Nuria. En el telesférico sobrepasamos la línea de nubes y caminamos a ritmo de niña de 6 años recién cumplidos durante los primeros metros camino de la Vueltona. Pronto nos separamos. Y decidimos empezar por subir a la Aguja de Bustamante... Así que dejamos atrás a Manuel y aún más atrás a Nuria con Alena. Sobre las 13:30 empezamos a trepar por los descompuestos bloques y grietas de la Aguja de Bustamante. Javier abre mientras yo me siento un poco “el señorito” , y el asume el papel de mi “Cainejo”. No es un sentir que me plazca. Así que cuando me toca el turno de seguir sus pasos, lo hago con la mayor celeridad. Los dos largos los hacemos tres, para dar tiempo a adaptar el ritmo cardiaco. Yo desde luego no sería capaz de tirar de primero sabiendo de los seguros tan “precarios” que van quedando por debajo. Vemos a nuestro padre abajo en la pedrera y nos apunta con la cámara. Tras decidirnos por rodear un enorme bloque desde su cómoda terraza, y tras pasar Javier un momento de apuro, obligándole a descender a recoger unos de los friends, para ponerlo por encima del otro... ya hemos completado el último largo y nos encaramamos en su estrecha punta. En verdad la punta solo la podemos abrazar con nuestras manos. Apenas disfrutamos de las vistas hacia la impresionante pared de Horcados Rojos... Abajo están ya todos y la cámara de fotos echa humo. En un solo rápel Javier desciende a la base (50 metros) y recupera la mochila que dejamos en la última repisa. Me toca rapelar y cuando estoy a unos diez metros del suelo, apoyo los pies en un bloque que repentinamente se desprende... “Piedra!”. Javier solo tiene tiempo de alzar la vista y fijarse en el gran bloque que se estrella a un par de metros de su cabeza y lanza pequeños proyectiles que procura evitar. Uno choca contra su casco y otro va a la mochila de su espalda... No ha habido daños! Uno no está seguro hasta que está en casa.
Pasado el susto recogemos y vamos al jou al encuentro del resto... y de los bocatas. Rápido tente en pié y yo aún animado a subir la otra aguja... la de la Canalona. A eso de las 15:45 caminamos hacia la base de la aguja. Manolo tira hacia el collado para pasear por la ladera de la torre de las Coteras Rojas, buscando panorámica para tirarnos fotos. Alena y Nuria se estarán un rato para luego bajar poco a poco. Tras hacer el primer largo por libre, comenzamos la trepada. Los dos primeros largos van rápido. Seguimos la grieta sin pausa. Dos cordadas nos esperan para poder descender. A falta de un largo, en el collado que separa la aguja del cuerno, esperamos a que rapelen los cuatro que descienden. Las agujas del reloj corren. Manolo duda sobre nuestra situación y sigue en tensa espera. Desde donde el está no nos puede ver. Finalmente la reunión queda liberada y Javier sortea los bloques para alzarse en la cima. Le sigo. Me arrastro entre sus piedras y me encaramo en el último peldaño. “Ahora ¿qué?” pregunto. De pié, encima de una laja apoyo los dos manos por encima de mi cabeza en la planicie de su cima. No hay agarres. “Alehop”. A pulso, sin echar vista al precipicio y para arriba. No hay otra. Al fin estoy arriba! Impresionan las vistas... por lo que apenas disfruto de ellas. Además el último telesférico nos abandonará a las 20:00. Dudamos si nuestro padre ya se habrá vuelto, cuando de pronto lo vemos en el collado de la canalona. Y aún le quedan fotos en el carrete. Acabó con las 24 en las dos agujas!
Primer rápel que desciendo primero. Este es vertical. Javier baja pronto y recogemos cuerda... con la mala suerte de que el nudo queda enclavado en una grieta y nos es imposible recuperar. No queda mas remedio que volver a subir, por la misma cuerda, con el ocho y haciendo nudos de seguro por debajo para poder recuperarlas. Javier se funde en la tarea, mientras yo procuro despejar mi mente organizando una de las cuerdas. Al fin lo logra. Arriba recoloca cuerdas y desciende. Aliviados volvemos a tirar de una de ellas ... Hostias. La cuerda se ha rizado y está ya muy arriba. Maldita mala suerte. Con cuidado seguimos tirando pero no podemos evitar que uno de los rizos alcance la reunión... y la cuerda que no cede. En nuestro empeño se desprenden unas cuantas piedras y esperamos encogidos que no nos golpeen. Nos libramos. Javier maldice. Y no nos queda otra que abandonar la cuerda. Menos mal que pudimos recuperar una. Son casi las 19:00h. Hacemos tres rapeles a toda velocidad. Una vez en el valle corremos pedrera abajo. Nos organizamos, cuerda para uno y mochila con material para el otro. Nos toca ahora carrera alpina! En media hora nos sumimos en la niebla más allá de la vueltona y alcanzamos el mirador del cable, a tiempo! Antes nos cruzamos con Mariano que “echará un vistazo a nuestra cuerda desde el refugio”. Y a un amigo de Javier que el siguiente día tiene previsto subir a la aguja y procurará recuperar nuestra cuerda... Menudo alivio. Veremos si aún tenemos suerte. Bajamos en el último viaje del día del funicular. Santa paliza, y aún sin disfrutar de las trepadas! Esto no está hecho para mí.
Nos dirigimos a escalar paseando, y acabaremos corriendo... Javier subió la aguja de la Canalona hace unos días, así que se presta a liderar de nuevo cordada para que yo también pose mis huesos en su aérea cima. A última hora se nos une nuestro padre que hará de fotógrafo. También nos acompañan Alena y Nuria. En el telesférico sobrepasamos la línea de nubes y caminamos a ritmo de niña de 6 años recién cumplidos durante los primeros metros camino de la Vueltona. Pronto nos separamos. Y decidimos empezar por subir a la Aguja de Bustamante... Así que dejamos atrás a Manuel y aún más atrás a Nuria con Alena. Sobre las 13:30 empezamos a trepar por los descompuestos bloques y grietas de la Aguja de Bustamante. Javier abre mientras yo me siento un poco “el señorito” , y el asume el papel de mi “Cainejo”. No es un sentir que me plazca. Así que cuando me toca el turno de seguir sus pasos, lo hago con la mayor celeridad. Los dos largos los hacemos tres, para dar tiempo a adaptar el ritmo cardiaco. Yo desde luego no sería capaz de tirar de primero sabiendo de los seguros tan “precarios” que van quedando por debajo. Vemos a nuestro padre abajo en la pedrera y nos apunta con la cámara. Tras decidirnos por rodear un enorme bloque desde su cómoda terraza, y tras pasar Javier un momento de apuro, obligándole a descender a recoger unos de los friends, para ponerlo por encima del otro... ya hemos completado el último largo y nos encaramamos en su estrecha punta. En verdad la punta solo la podemos abrazar con nuestras manos. Apenas disfrutamos de las vistas hacia la impresionante pared de Horcados Rojos... Abajo están ya todos y la cámara de fotos echa humo. En un solo rápel Javier desciende a la base (50 metros) y recupera la mochila que dejamos en la última repisa. Me toca rapelar y cuando estoy a unos diez metros del suelo, apoyo los pies en un bloque que repentinamente se desprende... “Piedra!”. Javier solo tiene tiempo de alzar la vista y fijarse en el gran bloque que se estrella a un par de metros de su cabeza y lanza pequeños proyectiles que procura evitar. Uno choca contra su casco y otro va a la mochila de su espalda... No ha habido daños! Uno no está seguro hasta que está en casa.
Pasado el susto recogemos y vamos al jou al encuentro del resto... y de los bocatas. Rápido tente en pié y yo aún animado a subir la otra aguja... la de la Canalona. A eso de las 15:45 caminamos hacia la base de la aguja. Manolo tira hacia el collado para pasear por la ladera de la torre de las Coteras Rojas, buscando panorámica para tirarnos fotos. Alena y Nuria se estarán un rato para luego bajar poco a poco. Tras hacer el primer largo por libre, comenzamos la trepada. Los dos primeros largos van rápido. Seguimos la grieta sin pausa. Dos cordadas nos esperan para poder descender. A falta de un largo, en el collado que separa la aguja del cuerno, esperamos a que rapelen los cuatro que descienden. Las agujas del reloj corren. Manolo duda sobre nuestra situación y sigue en tensa espera. Desde donde el está no nos puede ver. Finalmente la reunión queda liberada y Javier sortea los bloques para alzarse en la cima. Le sigo. Me arrastro entre sus piedras y me encaramo en el último peldaño. “Ahora ¿qué?” pregunto. De pié, encima de una laja apoyo los dos manos por encima de mi cabeza en la planicie de su cima. No hay agarres. “Alehop”. A pulso, sin echar vista al precipicio y para arriba. No hay otra. Al fin estoy arriba! Impresionan las vistas... por lo que apenas disfruto de ellas. Además el último telesférico nos abandonará a las 20:00. Dudamos si nuestro padre ya se habrá vuelto, cuando de pronto lo vemos en el collado de la canalona. Y aún le quedan fotos en el carrete. Acabó con las 24 en las dos agujas!
Primer rápel que desciendo primero. Este es vertical. Javier baja pronto y recogemos cuerda... con la mala suerte de que el nudo queda enclavado en una grieta y nos es imposible recuperar. No queda mas remedio que volver a subir, por la misma cuerda, con el ocho y haciendo nudos de seguro por debajo para poder recuperarlas. Javier se funde en la tarea, mientras yo procuro despejar mi mente organizando una de las cuerdas. Al fin lo logra. Arriba recoloca cuerdas y desciende. Aliviados volvemos a tirar de una de ellas ... Hostias. La cuerda se ha rizado y está ya muy arriba. Maldita mala suerte. Con cuidado seguimos tirando pero no podemos evitar que uno de los rizos alcance la reunión... y la cuerda que no cede. En nuestro empeño se desprenden unas cuantas piedras y esperamos encogidos que no nos golpeen. Nos libramos. Javier maldice. Y no nos queda otra que abandonar la cuerda. Menos mal que pudimos recuperar una. Son casi las 19:00h. Hacemos tres rapeles a toda velocidad. Una vez en el valle corremos pedrera abajo. Nos organizamos, cuerda para uno y mochila con material para el otro. Nos toca ahora carrera alpina! En media hora nos sumimos en la niebla más allá de la vueltona y alcanzamos el mirador del cable, a tiempo! Antes nos cruzamos con Mariano que “echará un vistazo a nuestra cuerda desde el refugio”. Y a un amigo de Javier que el siguiente día tiene previsto subir a la aguja y procurará recuperar nuestra cuerda... Menudo alivio. Veremos si aún tenemos suerte. Bajamos en el último viaje del día del funicular. Santa paliza, y aún sin disfrutar de las trepadas! Esto no está hecho para mí.
sábado, 17 de mayo de 2003
"Tres Miles"
"Tres Miles". Cuetu Agero (1022 m), Parijorcau (1379 m) y Cuetu la Jontaniella (1349 m). 17 de mayo de 2003. Circuito y ascensión desde Allende. Cuento con dos días de vacaciones (lunes y martes) por lo que el domingo puedo hacer ruta por Picos, pese a haberme quedado sin visita de dos días a Collado Jermoso, planes que se torcieron por "inestabilidad" del tiempo. Grupo animado, amigas de Jana y Luis, David, y Chus, e incluso Félix ha vuelto a reencontrarse con el monte. El sol nos pega duro, pero no nos resistimos a asomarnos al patio de Cueto Agero, para después afrontar el Parijorcau, donde comemos. Aún algunos nos atrevemos con el Cuetu la Jontaniella, que nos coge casi de camino. Abajo nos encontramos con mi hermano, que pasó el día escalando en Agero.
viernes, 18 de abril de 2003
Peña Castil
Peña Castil (2444m) 18 de abril de 2003. En abril, aguas mil. Mil una diría yo. Tras alguna que otra negociación, acto de fe, persuasión ... dejamos atrás el atasco de acceso a la ruta del Cares y partimos desde Sotres, a las 11:30h hacia collado Pandébano. Por aquí también hay riadas de gente, pero pronto nos encontraremos solos subiendo hacia las vegas de Tortorios, a paso de semana santa! Es el poder de atracción de los iconos del parque, Pico Urriello y ruta del Cares. Casi alcanzada la vega nos cruzamos con el único grupo que veremos por el resto del día. Nos ha llegado la hora de comer y lo hacemos. Sonia decide ponerse el cubrepantalón... momentos de bromas. Antonio es como Pedro el cabrero, sube por delante y nos espera emboscado junto a un nevero para acribillarnos a bolazos de nieve. Gema nos hace reír con su contagiosa risa. Fernando está probando por primera vez lo que supone hacer una ascensión “seria”. Chus, ligero cual Delfo. Sonia, de paseo. Cristina se acuerda de sus rodillas. Continuamos atravesando amplios neveros camino de la muralla de ¿?? Que salvamos por la derecha. Para entonces solo por unos instantes hemos visto asomar el pico Urriello. Ya no lo volveremos a ver. La niebla nos cubre, y trae regalo. Nos graniza y en varias ocasiones llueve. En el collado surgen razonables dudas. Es tarde, estamos inmersos en la avanzada borrasca, ... Pero yo quiero subir con Cristina, que lo está sufriendo a cada paso... Chus no lo duda y ya no lo dudamos tampoco los demás, emprendemos los últimos 400 metros de desnivel que nos separan de la cima. Se hace largo y llegamos a tientas, pero con un humor estupendo. Me alegro al hacer la foto de rigor, ver a Cris, y ser consciente de que nos hemos quitado una espinita que teníamos clavada desde hace ya unos 10 años, cuando Cristina se quedó en el collado por molestarle las rodillas. Aún echamos un rato en la cumbre, nos mantiene la esperanza de que despeje en dirección al naranjo, pero la montaña no nos concede este regalo.
Comenzamos el descenso y nos encordamos... Únicamente para echar unas risas, pronto desestimamos la idea y casi corremos nevero abajo. Ya en el collado nos metemos en la boca del lobo, que así es como parece la bajada por la canal, oscura e inclinada como estaba. Algunos depuran la técnica del descenso en trineo, sin trineo, y a buena velocidad descendemos rápidamente de altitud. Emprendimos el regreso de cima pasadas las 18:30, y la noche se nos echará encima. Cada cual a su ritmo y sin perdernos de vista seguimos el descenso. Terreno incómodo para los cansados tobillos y rodillas. La jodida pista de Aliva a Sotres se hace de rogar. Al fin la alcanzamos. Frase descriptiva del ocurrente Iñaki (quien si no) dirigiéndose a Fernando “tú, vas porque hay que ir!” Y es que es la propia inercia la que guía nuestros pasos. En la fuente reponemos líquidos, que falta nos hace, y también algún sólido. La noche nos alcanza bajo un aguacero tremendo caminando, casi corriendo, hacia los salvadores coches. Sobre las 22:30 los alcanzamos y como podemos nos cambiamos de ropa. Los pantalones se pegan a las rodillas y algunas se calan hasta las bragas... No nos cuesta esta vez acordar el volvernos de escopetada para Santander. Pensábamos quedarnos en tiendas de campaña o algún albergue, pero en esta época... Las ganas que teníamos de comer espaguetis a la luz de la luna (casi llena por entonces, aunque oculta tras muchos metros de nubes) se disolvieron con cada chaparrón. Los números son de reseñar. Algo así como más de 1600 metros de desnivel, y unas 11 horas totales. Las paradas también cuentan, así que no vale la pena restarlas. Agujetas de caballo por mi parte por los dos siguientes días. Excursión circular que nos ofrece vistas excepcionales sobre el cordal que desde la Torre de la Pardida pasa por el Neveron de Urriellu y Pico de Albo, así como sobre el propio Picu de Urriellu y picos circundantes. Una vez en el collado de Pandebano y antes de alcanzar las primeras majadas giraremos a la izquierda. Tenemos que subir hacia una amplia canal que baja directamente hacia dicho Collado. El camino retrocede con algunos zigzag en dirección Sotres para introducirse en dicha canal y luego subir por su interior hasta la majada de las Moñas situada en un amplio replano. En invierno y con nieve se pierde la noción del camino en esa amplia extensión, hay que seguir la dirección que traiamos (Oeste) en ligera pendiente, bordeando una pequeña colina que domina las majadas. Desde el vertice de la colina tenemos una buena vista del Pico Albo y si esta despejado podemos ver el mar y la Zona de San Vicente de la Barquera. La vista es excepcional. Una vez bordeada dicha colina por su izquierda (Este), veremos dos collados bien marcados, debemos dirigirnos al de más a la derecha, justo enfrente de la dirección que llevabamos, pero sin alcanzar dicho collado. A media altura de la subida veremos algún hito de piedras que se dirigen hacia la derecha (Oeste) por un especie de repisa, sobre las fuerte pendientes que se abren a nuestra derecha, hay que dirigirse hacia un pico secundario o proa de roca que marca el final de la repisa que seguimos. Contorneamos dicha proa de roca justo por debajo y sin nigún problema, en invierno parece que vaya a ser un paso bastante colgado o aereo pero no es así ni tiene ningún problema. Nos encontramos frente a una media pendiente muy larga y muy suave que nos lleva hacia un espolon rocoso que se nos presenta al fondo. Atravesaremos dicha pendiente manteniendo la altura, sin subir nada practicamente (SW). La barrera rocosa cae en vertical sobre los valles inferiores, hay una pequeña brecha medio escondida pero evidente por ser la única que nos ofrece un paso claro. Se bajan unos metros, en invierno algo tiesos pero sencillo y alcanzamos unas repisas que se dirigen hacia la izquierda (Este) a un amplio collado (Camburero). En invierno y con nieve no distinguiremos las repisas, pero son evidentes puesto que ofrecen una menor inclinación. No hay grandes caidas ni precipicios vertiginosos en ese paso, pero si vas en invierno si recomiendo un cierto habito en ese terreno. La vista desde el Collado de Camburero es excelente, tanto sobre la zona de los Albo al Oeste, como sobre el Macizo Oriental de Picos al Este. La subida a Peña Castil desde el Collado es evidente y sin problemas. En la bajada pasaremos de nuevo por el Collado de Camburero y giraremos hacia el Este, hacia el Macizo Oriental, bajaremos por la Canal del Fresnedal, largo descenso que nos machacara las rodillas aunque no presenta ninguna otra dificultad. En la parte media de la canal, esta se divide en dos siendo el ramal de la izquierda el más cómodo. Por debajo veremos a nuestra derecha la Majada del Fresnedal, situada sobre el lomo que baja directamente de Peña Castil y que separa nuestra Canal de un importante valle, la Canal de las Moñetas, situada al otro lado de dicho lomo. Es conveniente dirigirnos a dicha Majada por dos razones: Desde la Majada sale un camino mucho mejor que el de la Canal del Frenedal Tenemos una fuente permanente y de buen caudal que nos servira para reponernos Ya solo nos queda bajar a las Vegas del Toro junto al río Duje, siguiendo este hacia la izquierda, aguas abajo, llegaremos hasta las Vegas de Sotres
Comenzamos el descenso y nos encordamos... Únicamente para echar unas risas, pronto desestimamos la idea y casi corremos nevero abajo. Ya en el collado nos metemos en la boca del lobo, que así es como parece la bajada por la canal, oscura e inclinada como estaba. Algunos depuran la técnica del descenso en trineo, sin trineo, y a buena velocidad descendemos rápidamente de altitud. Emprendimos el regreso de cima pasadas las 18:30, y la noche se nos echará encima. Cada cual a su ritmo y sin perdernos de vista seguimos el descenso. Terreno incómodo para los cansados tobillos y rodillas. La jodida pista de Aliva a Sotres se hace de rogar. Al fin la alcanzamos. Frase descriptiva del ocurrente Iñaki (quien si no) dirigiéndose a Fernando “tú, vas porque hay que ir!” Y es que es la propia inercia la que guía nuestros pasos. En la fuente reponemos líquidos, que falta nos hace, y también algún sólido. La noche nos alcanza bajo un aguacero tremendo caminando, casi corriendo, hacia los salvadores coches. Sobre las 22:30 los alcanzamos y como podemos nos cambiamos de ropa. Los pantalones se pegan a las rodillas y algunas se calan hasta las bragas... No nos cuesta esta vez acordar el volvernos de escopetada para Santander. Pensábamos quedarnos en tiendas de campaña o algún albergue, pero en esta época... Las ganas que teníamos de comer espaguetis a la luz de la luna (casi llena por entonces, aunque oculta tras muchos metros de nubes) se disolvieron con cada chaparrón. Los números son de reseñar. Algo así como más de 1600 metros de desnivel, y unas 11 horas totales. Las paradas también cuentan, así que no vale la pena restarlas. Agujetas de caballo por mi parte por los dos siguientes días. Excursión circular que nos ofrece vistas excepcionales sobre el cordal que desde la Torre de la Pardida pasa por el Neveron de Urriellu y Pico de Albo, así como sobre el propio Picu de Urriellu y picos circundantes. Una vez en el collado de Pandebano y antes de alcanzar las primeras majadas giraremos a la izquierda. Tenemos que subir hacia una amplia canal que baja directamente hacia dicho Collado. El camino retrocede con algunos zigzag en dirección Sotres para introducirse en dicha canal y luego subir por su interior hasta la majada de las Moñas situada en un amplio replano. En invierno y con nieve se pierde la noción del camino en esa amplia extensión, hay que seguir la dirección que traiamos (Oeste) en ligera pendiente, bordeando una pequeña colina que domina las majadas. Desde el vertice de la colina tenemos una buena vista del Pico Albo y si esta despejado podemos ver el mar y la Zona de San Vicente de la Barquera. La vista es excepcional. Una vez bordeada dicha colina por su izquierda (Este), veremos dos collados bien marcados, debemos dirigirnos al de más a la derecha, justo enfrente de la dirección que llevabamos, pero sin alcanzar dicho collado. A media altura de la subida veremos algún hito de piedras que se dirigen hacia la derecha (Oeste) por un especie de repisa, sobre las fuerte pendientes que se abren a nuestra derecha, hay que dirigirse hacia un pico secundario o proa de roca que marca el final de la repisa que seguimos. Contorneamos dicha proa de roca justo por debajo y sin nigún problema, en invierno parece que vaya a ser un paso bastante colgado o aereo pero no es así ni tiene ningún problema. Nos encontramos frente a una media pendiente muy larga y muy suave que nos lleva hacia un espolon rocoso que se nos presenta al fondo. Atravesaremos dicha pendiente manteniendo la altura, sin subir nada practicamente (SW). La barrera rocosa cae en vertical sobre los valles inferiores, hay una pequeña brecha medio escondida pero evidente por ser la única que nos ofrece un paso claro. Se bajan unos metros, en invierno algo tiesos pero sencillo y alcanzamos unas repisas que se dirigen hacia la izquierda (Este) a un amplio collado (Camburero). En invierno y con nieve no distinguiremos las repisas, pero son evidentes puesto que ofrecen una menor inclinación. No hay grandes caidas ni precipicios vertiginosos en ese paso, pero si vas en invierno si recomiendo un cierto habito en ese terreno. La vista desde el Collado de Camburero es excelente, tanto sobre la zona de los Albo al Oeste, como sobre el Macizo Oriental de Picos al Este. La subida a Peña Castil desde el Collado es evidente y sin problemas. En la bajada pasaremos de nuevo por el Collado de Camburero y giraremos hacia el Este, hacia el Macizo Oriental, bajaremos por la Canal del Fresnedal, largo descenso que nos machacara las rodillas aunque no presenta ninguna otra dificultad. En la parte media de la canal, esta se divide en dos siendo el ramal de la izquierda el más cómodo. Por debajo veremos a nuestra derecha la Majada del Fresnedal, situada sobre el lomo que baja directamente de Peña Castil y que separa nuestra Canal de un importante valle, la Canal de las Moñetas, situada al otro lado de dicho lomo. Es conveniente dirigirnos a dicha Majada por dos razones: Desde la Majada sale un camino mucho mejor que el de la Canal del Frenedal Tenemos una fuente permanente y de buen caudal que nos servira para reponernos Ya solo nos queda bajar a las Vegas del Toro junto al río Duje, siguiendo este hacia la izquierda, aguas abajo, llegaremos hasta las Vegas de Sotres
sábado, 8 de marzo de 2003
Entre Villalba y Villalba, casi 100km
"SuperRuta" BTT. La "SuperRuta"... superada. Estas cosas hay que hacerlas para luego contarlo, así que aunque no lo queráis os haré un repaso de nuestra aventura del sábado. Como empieza a ser habitual, llevamos el plan hasta sus últimas consecuencias únicamente Alberto el incansable y el que subscribe. Así pues, el sábado a las 8:15h nos presentamos dispuestos a todo en la estación de Villalba. Allí conocimos enseguida a presidente y vicepresidente del club de Majadahonda y nos hicimos con el botín (llavero y mapa de ruta), lo que nos hizo pensar en regresar a casa. Con casi una hora de retraso, tuvimos que esperar un autobús lleno de ciclistas que venía de Cuenca, empezamos a rodar los 58... Con algunas equivocaciones para salir de Villalba, pronto nos vimos bordeando pantanos (Valmayor y otros) y comprobamos enseguida lo jodido que iba a estar esta primera parte del recorrido. El tiempo, excelente, menos mal. Pasamos algunos charcos, bien. Cruzamos algún arroyo, no pasa nada. La bici se empieza a llenar de barro, contábamos con ello. Pero cuando vemos al VicePresi, que se mete en el pantano hasta casi la cintura, con la bici en una mano y las zapatillas en la otra ... mal presagio. Por el tupido bosque nos buscamos la vida para cruzar ese primer rápido, pero es que después hubieron más. Un "poco amistoso" propietario de finca no nos dejó cruzar SU PUENTE y tuvimos que cruzar A NADO. Le siguieron algunos vadeos más. Hubo quien intentó cruzar pedaleando... y su fin fue el de darse un buen chapuzón. Un par de meses después nos enteraríamos de que alguien ha avistado un par de cocodrilos en Valmayor... El terreno era bastante "técnico", lo que nos llevó a muchos (me incluyo) al suelo. Alberto paso este tramo con mucha dignidad. En unas tres horas únicamente habíamos recorrido 26 km... Ávila empezaba a quedar muy lejos... La organización, perfecta. Coche de apoyo que nos esperaba cada 10 km, con manzanas, bebida, plátanos, barritas, ropa seca,... En un descenso rápido y algo comprometido Alberto no pudo evitar una caida. Tonta, como lo suelen ser todas, pero que nos podía haber trastornado los planes. En un momento se reintegró y a pedalear, que no en por nada se dice aquello de que los ciclistas están hechos de otra pasta. La organización toma la decisión de modificar el itinerario, pues no vamos a llegar de día a este ritmo a Ávila. Primeras bajas. Se retiran antes de Valdemaqueda algunos. Entre ellos las únicas dos féminas que nos acompañaban. Antes de Valdemaqueda cogemos un tramo de carretera y al fin podemos pedalear con ritmo, allí me mido con el grupo y las sensaciones no son malas. Excepto porque la cadena parece un trozo de lija, demasiado barro y agua.
En Valdemaqueda la gente se mete unos bocatas de medio metro (sobretodo los de Cuenca a los que esperaba el autobús). Nosotros seguimos a base de chocolate, barritas, y café. Con la comida, alguna baja más que aprovecha el autobús. Y tras comer fuerte subida que hace estragos. Giramos en dirección a la carretera de la Cruz Verde primero por pista y luego por carretera de montaña, sin tráfico. Entorno precioso y cuesta... larga, larga. A darle caña me digo, y pronto me veo con solo tres ENERGÚMENOS por delante. Sudo la gota gorda para coger al tercero, pero tengo que cederle unos metros y alcanzamos el alto con diferencias de segundos. Aprovecho a echar un pis y me doy cuenta de que he forzado bastante ( no por el tamaño de nada ...). Cuando bajo a unirme a los que van llegando veo que Alberto ya está allí. Como siempre hundiendo a más de uno... ;o) Aunque la cara reflejaba un cierto cansancio (OS JURO QUE LO HE VISTO, ES HUMANO!). Gran desbandada hacia las Navas del Marqués (a cuatro Km). Ávila por carretera a 38, pero giramos a derecha hacia la Cruz Verde, por peligrosa carretera. Ya quedamos unos 20, y llevamos algo más de 60 km. Sana intención de ir agrupados por la carretera, pero pronto se desatan los "ataques" y no soy capaz de evitar caer en la tentación de tirarme cuesta abajo a más de 60 Km/h dando relevos a quien es capaz de seguirlos. Empieza la subida y me espero un rato a ver si veo venir a Alberto, pero este terreno no le beneficia (en las bajadas pierde lo que costosamente se trabaja en las subidas) y está lejos. Vista al frente y a pedalear a cuanto pueda durante otros 6 o 7 km de subida. Cojo a uno, a otro, a otro, pero el grupo "fuerte" (5) está ya lejos, y por qué no reconocerlo, son más fuertes que yo. Llegamos al alto y esperamos. Alberto llega enseguida, en solitario. Habrá hundido a otros tantos. Barrita energética (que dice producirle flato, como consecuencia de lo cual tomará la decisión de NO VOLVER A COMER cuando monte en bici), impermeable (es ya tarde, hace fresquito y hay que bajar), y nos tiramos cuesta abajo. En el bar de moteros tomamos una última coca y esperamos al grupo. Ya únicamente quedamos menos de 20. Vamos para abajo, pero de todos se queda atrás Alberto (dando ventajas en el peligroso descenso de Cruz Verde). Le espero en la cuneta, puesto que "habrá que trabajar aún" hasta la llegada al camping de Escorial, donde dicen que hay una cañada que nos llevará hasta Villalba.
En San Lorenzo del Escorial nos esperan y volvemos a reagruparnos, por poco tiempo, puesto que en la carretera Alberto vuelve a ser prudente y pronto les perdemos de vista. Otra vez nos reencontramos en el camping, y ya en terreno seguro por la cañada comenzamos a rodar en grupo. Somos unos 10. Al principio "hablamos" entre nosotros, pero pronto (lo llevamos en la sangre) no es posible intercambiar más palabras que algún eventual CUIDADO CON EL BACHE. Hacemos eslalon sorteando charcos y tiramos por encima de los 30Km/h hasta que el PRESI del club impone el orden con un "PARAR UN POCO QUE SE NOS VAN A PERDER". Alberto y tres más vienen más atrás. Doy la vuelta a por el. Ya no se declara más la guerra y llegamos en grata conjunción hasta la estación de Villalba. Mi cuentakm ha superado los 100 y el de Alberto creo que marca 96 o 98. No han sido los 107 previstos hasta Ávila, pero tampoco han estado mal. He de decir que ni a Alberto ni a mi se nos pasó por la mente la idea de retirarnos a alguna estación de tren. Y tampoco votamos a favor de optar por ruta alternativa a las Murallas de Ávila. Calculamos que hemos terminado el recorrido completo entre 16 y 20 personas, de los 58 que salimos por la mañana. No está mal. En el último momento Alberto me arrebata uno de los premios a "los dos mas perjudicados que completan el recorrido". Se llevó el tío un maillot del club! Y eso, sin hacerle análisis de orina y/o sangre. En fin, que sepáis que también os echamos de menos, y que si no habéis venido es porque no habéis querido (Y EL QUE NO SE HAYA ESCONDIDO TIEMPO HA TENIDO, YA!) ;O)
El fin de semana siguiente lo pasamos en La Rioja. Mucho vino, sarmiento, ... pero también tuve tiempo para ver a lo lejos el pico San Lorenzo, nevado y sobresaliendo cual kilimanjaro... Desde Briones di una vuelta en bici. 53 Km para subir un par de puertos por la sierra de Cantabria. En la bajada del puerto de Herrera creo rodar en bici a la mayor velocidad que lo haya hecho en mi vida. El cuentaKm marca una velocidad máxima de 89 Km/h. Emocionante ... y si ... mejor no pensarlo.
En Valdemaqueda la gente se mete unos bocatas de medio metro (sobretodo los de Cuenca a los que esperaba el autobús). Nosotros seguimos a base de chocolate, barritas, y café. Con la comida, alguna baja más que aprovecha el autobús. Y tras comer fuerte subida que hace estragos. Giramos en dirección a la carretera de la Cruz Verde primero por pista y luego por carretera de montaña, sin tráfico. Entorno precioso y cuesta... larga, larga. A darle caña me digo, y pronto me veo con solo tres ENERGÚMENOS por delante. Sudo la gota gorda para coger al tercero, pero tengo que cederle unos metros y alcanzamos el alto con diferencias de segundos. Aprovecho a echar un pis y me doy cuenta de que he forzado bastante ( no por el tamaño de nada ...). Cuando bajo a unirme a los que van llegando veo que Alberto ya está allí. Como siempre hundiendo a más de uno... ;o) Aunque la cara reflejaba un cierto cansancio (OS JURO QUE LO HE VISTO, ES HUMANO!). Gran desbandada hacia las Navas del Marqués (a cuatro Km). Ávila por carretera a 38, pero giramos a derecha hacia la Cruz Verde, por peligrosa carretera. Ya quedamos unos 20, y llevamos algo más de 60 km. Sana intención de ir agrupados por la carretera, pero pronto se desatan los "ataques" y no soy capaz de evitar caer en la tentación de tirarme cuesta abajo a más de 60 Km/h dando relevos a quien es capaz de seguirlos. Empieza la subida y me espero un rato a ver si veo venir a Alberto, pero este terreno no le beneficia (en las bajadas pierde lo que costosamente se trabaja en las subidas) y está lejos. Vista al frente y a pedalear a cuanto pueda durante otros 6 o 7 km de subida. Cojo a uno, a otro, a otro, pero el grupo "fuerte" (5) está ya lejos, y por qué no reconocerlo, son más fuertes que yo. Llegamos al alto y esperamos. Alberto llega enseguida, en solitario. Habrá hundido a otros tantos. Barrita energética (que dice producirle flato, como consecuencia de lo cual tomará la decisión de NO VOLVER A COMER cuando monte en bici), impermeable (es ya tarde, hace fresquito y hay que bajar), y nos tiramos cuesta abajo. En el bar de moteros tomamos una última coca y esperamos al grupo. Ya únicamente quedamos menos de 20. Vamos para abajo, pero de todos se queda atrás Alberto (dando ventajas en el peligroso descenso de Cruz Verde). Le espero en la cuneta, puesto que "habrá que trabajar aún" hasta la llegada al camping de Escorial, donde dicen que hay una cañada que nos llevará hasta Villalba.
En San Lorenzo del Escorial nos esperan y volvemos a reagruparnos, por poco tiempo, puesto que en la carretera Alberto vuelve a ser prudente y pronto les perdemos de vista. Otra vez nos reencontramos en el camping, y ya en terreno seguro por la cañada comenzamos a rodar en grupo. Somos unos 10. Al principio "hablamos" entre nosotros, pero pronto (lo llevamos en la sangre) no es posible intercambiar más palabras que algún eventual CUIDADO CON EL BACHE. Hacemos eslalon sorteando charcos y tiramos por encima de los 30Km/h hasta que el PRESI del club impone el orden con un "PARAR UN POCO QUE SE NOS VAN A PERDER". Alberto y tres más vienen más atrás. Doy la vuelta a por el. Ya no se declara más la guerra y llegamos en grata conjunción hasta la estación de Villalba. Mi cuentakm ha superado los 100 y el de Alberto creo que marca 96 o 98. No han sido los 107 previstos hasta Ávila, pero tampoco han estado mal. He de decir que ni a Alberto ni a mi se nos pasó por la mente la idea de retirarnos a alguna estación de tren. Y tampoco votamos a favor de optar por ruta alternativa a las Murallas de Ávila. Calculamos que hemos terminado el recorrido completo entre 16 y 20 personas, de los 58 que salimos por la mañana. No está mal. En el último momento Alberto me arrebata uno de los premios a "los dos mas perjudicados que completan el recorrido". Se llevó el tío un maillot del club! Y eso, sin hacerle análisis de orina y/o sangre. En fin, que sepáis que también os echamos de menos, y que si no habéis venido es porque no habéis querido (Y EL QUE NO SE HAYA ESCONDIDO TIEMPO HA TENIDO, YA!) ;O)
El fin de semana siguiente lo pasamos en La Rioja. Mucho vino, sarmiento, ... pero también tuve tiempo para ver a lo lejos el pico San Lorenzo, nevado y sobresaliendo cual kilimanjaro... Desde Briones di una vuelta en bici. 53 Km para subir un par de puertos por la sierra de Cantabria. En la bajada del puerto de Herrera creo rodar en bici a la mayor velocidad que lo haya hecho en mi vida. El cuentaKm marca una velocidad máxima de 89 Km/h. Emocionante ... y si ... mejor no pensarlo.
sábado, 15 de febrero de 2003
Mampodre
Macizo de Mampodre. Peña La Cruz (2196m) y Cervunal (2173m). 15 de febrero de 2003. Las cumbres principales que conforman el macizo son 6. La más alta la Peña La Cruz (2196m.), con su cima gemela conocida como La Uve desde Maraña. Al SE la Peña El Convento(2156m.), tras el que se esconde el Pico Cervunal(2173m.) , también conocido por algunos como Valcerrao. Cerrando el circo se sitúan la Peñas del Mediodía (2181m.) y al final del mismo el Valjarto(2046m.). Al oeste del Cervunal y fuera de la cresta que forma el circo glaciar del Mampodre, se sitúa la hermosa Peña de La Polinosa (2160m.)
1200 km con el coche! Cada vez están más lejos mis objetivos... Mampodre. Manos cortadas, las de los cántabros por los romanos... Bonito macizo este del Mampodre, y precioso el entorno en general... Seis son las cumbres por encima de los 2000 metros, y caen dos en mi particular "saco". Peña La Cruz (como no, la de mayor altitud) y Cervunal, desde Maraña. A Peña La Cruz finalmente decidimos subir "a pincho", como dicen los compis de esta aventura; Chus y Oscar. Realmente la aventura se puede decir que comienza en las carreteras del puerto del Pontón, pisando el acelerador porque acumulamos retraso. Oscar ya está a pié de vía y aún nos queda un trecho para llegar. Sobre las 11 llegamos y aún tendremos que "convencernos" (yo al resto) de que esta ascensión no está fuera de nuestro alcance... Oscar propone asegurarse la cercana Peña Ten, y Chus presta su opinión a la cara de una moneda (de euro!) que lanza al aire y casi pierde. La moneda decide... que nos vamos a Peña Ten, pero en un último suspiro Oscar cambia su voto y acordamos subir a Mampodre. Tengo que "asegurarles la cima"... menudo compromiso. Aún esperamos a que el "metódico" Oscar prepare su mochila en 20 minutos más. A las 11:20 partimos hacia la empinada cuesta. Rocas, nieve, huellas de tres esquiadores que seguimos. Llegamos al circo y el entorno nos encanta. Salimos al oeste a la arista que ya no dejaremos prácticamente hasta coronar.
Me dejo llevar por mi propio ritmo y alcanzo el vértice tras dos horas y media desde los coches. Chus y Oscar aún tardarán 40 minutos más, enredados en el poco fructífero intento de Chus por ponerse sus crampones alquilados, sin haberlos ajustado al tamaño de bota previamente. Arriba disfruto del panorama. Rodeado de alpinas crestas y picos, opto por ir comiendo.
Primer bocata, segundo, me asomo y veo a Chus afanarse golpeando la nieve para procurarse un seguro escalón para su siguiente paso; "hasta la montaña más alta se comienza a escalar con un primer paso" ... Pero todos los pasos son igualmente importantes. Las nubes parece que amenazan con fastidiarnos la jornada, incluso caen unas gotas. Arriba todos al fin, cruzamos fotos. Me cuesta convencerles para continuar por la cresta en dirección a los Campanarios para no bajar por la misma vía empleada para el ascenso. Incluso saco la cuerda para asegurar la travesía de un inclinado nevero. No es necesario y pronto cada uno se adapta al medio con su propia técnica. Chus arrastra sus posaderas, Oscar, precavido como nadie se calza y descalza trabajosamente los crampones a cada nevero que cruza, yo confío en no necesitar los crampones y pronto me veo en el collado camino del siguiente pico. No había acuerdo de subir nada más pero veo que en 20 minutos puedo subir. Oscar me sigue y Chus... está ya casi al fondo del valle. Subo al Cervunal y me acerco a echar un vistazo a la cresta que lo separa de las peñas del Mediodía. Pronto llega Oscar y hacemos algunas fotos, antes de tirarnos monte abajo deslizándonos en la nieve primavera. Puede decirse que con esta excursión cierro esta temporada "invernal", pese a que la primavera parece haberse adelantado. Descendiendo, pronto me quedo solo e intento alcanzar a Chus. Pero nos saca amplia ventaja y hasta llegar al coche no lo volveré a ver. Tampoco Oscar me alcanza, así que cada uno disfruta del entorno "consigo mismo"... Me prometo volver a esta zona...
1200 km con el coche! Cada vez están más lejos mis objetivos... Mampodre. Manos cortadas, las de los cántabros por los romanos... Bonito macizo este del Mampodre, y precioso el entorno en general... Seis son las cumbres por encima de los 2000 metros, y caen dos en mi particular "saco". Peña La Cruz (como no, la de mayor altitud) y Cervunal, desde Maraña. A Peña La Cruz finalmente decidimos subir "a pincho", como dicen los compis de esta aventura; Chus y Oscar. Realmente la aventura se puede decir que comienza en las carreteras del puerto del Pontón, pisando el acelerador porque acumulamos retraso. Oscar ya está a pié de vía y aún nos queda un trecho para llegar. Sobre las 11 llegamos y aún tendremos que "convencernos" (yo al resto) de que esta ascensión no está fuera de nuestro alcance... Oscar propone asegurarse la cercana Peña Ten, y Chus presta su opinión a la cara de una moneda (de euro!) que lanza al aire y casi pierde. La moneda decide... que nos vamos a Peña Ten, pero en un último suspiro Oscar cambia su voto y acordamos subir a Mampodre. Tengo que "asegurarles la cima"... menudo compromiso. Aún esperamos a que el "metódico" Oscar prepare su mochila en 20 minutos más. A las 11:20 partimos hacia la empinada cuesta. Rocas, nieve, huellas de tres esquiadores que seguimos. Llegamos al circo y el entorno nos encanta. Salimos al oeste a la arista que ya no dejaremos prácticamente hasta coronar.
Me dejo llevar por mi propio ritmo y alcanzo el vértice tras dos horas y media desde los coches. Chus y Oscar aún tardarán 40 minutos más, enredados en el poco fructífero intento de Chus por ponerse sus crampones alquilados, sin haberlos ajustado al tamaño de bota previamente. Arriba disfruto del panorama. Rodeado de alpinas crestas y picos, opto por ir comiendo.
Primer bocata, segundo, me asomo y veo a Chus afanarse golpeando la nieve para procurarse un seguro escalón para su siguiente paso; "hasta la montaña más alta se comienza a escalar con un primer paso" ... Pero todos los pasos son igualmente importantes. Las nubes parece que amenazan con fastidiarnos la jornada, incluso caen unas gotas. Arriba todos al fin, cruzamos fotos. Me cuesta convencerles para continuar por la cresta en dirección a los Campanarios para no bajar por la misma vía empleada para el ascenso. Incluso saco la cuerda para asegurar la travesía de un inclinado nevero. No es necesario y pronto cada uno se adapta al medio con su propia técnica. Chus arrastra sus posaderas, Oscar, precavido como nadie se calza y descalza trabajosamente los crampones a cada nevero que cruza, yo confío en no necesitar los crampones y pronto me veo en el collado camino del siguiente pico. No había acuerdo de subir nada más pero veo que en 20 minutos puedo subir. Oscar me sigue y Chus... está ya casi al fondo del valle. Subo al Cervunal y me acerco a echar un vistazo a la cresta que lo separa de las peñas del Mediodía. Pronto llega Oscar y hacemos algunas fotos, antes de tirarnos monte abajo deslizándonos en la nieve primavera. Puede decirse que con esta excursión cierro esta temporada "invernal", pese a que la primavera parece haberse adelantado. Descendiendo, pronto me quedo solo e intento alcanzar a Chus. Pero nos saca amplia ventaja y hasta llegar al coche no lo volveré a ver. Tampoco Oscar me alcanza, así que cada uno disfruta del entorno "consigo mismo"... Me prometo volver a esta zona...
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